れん あえる
Inari — Edo period

Durante el periodo Edo, la veneración a Inari se extendió por todo el territorio japonés, y especialmente en Edo. Smyers atribuye esta propagación al movimiento de los daimyō (los señores feudales). En el siglo XVI Inari se había convertido en el patrón de los herreros y protector de los guerreros, razón por la cual muchos castillos de Japón incluyen una capilla a Inari, y os daimyo llevaban su fe en su kami protector con ellos cuando tenían que cambiar a un nuevo dominio.
El rol divino de Inari continuó expandiéndose en la costa, convirtiéndose en el protector de los pescaderos, mientras en Edo era invocado para prevenir incendios. Se convirtió en el patrón de los actores y las prostitutas, ya que sus capillas a menudo se encontraban cerca de los lugares donde trabajaban y vivían. Rápidamente se comenzó a venerar a Inari como una deidad que hacía realidad tus deseos, la deidad de la suerte y la prosperidad.

—Los zorros mensajeros:
El emisario de Inari es el zorro, y dos imágenes de este animal flanquean la efigie de Inari en todos sus santuarios, uno masculino y otro femenino. Culturalmente se ha asociado el kitsune a Inari debido a que por la dieta del zorro basada en insectos, pequeños reptiles, roedores, aves y bayas, los campesinos capturaban y entrenaban a los zorros para que controlasen las plagas en los campos de arroz.
Los zorros de Inari son popularmente blancos, el color del buen presagio, y son conocidos como kitsune zenko, que significa literalmente "zorro celestial". Estos kitsunes, a diferencia del resto de su especie, como los zorros salvajes o zorros demonios, son de una amabilidad y generosidad extraordinaria, cuyo único interés en sus vidas es ayudar y proteger a los seres humanos. Usualmente deciden adoptar una vida mortal y mundana, transformándose en humanos y casándose y teniendo hijos con estos. Se dice que los zorros de Inari tienen un poder curativo inigualable, capaz de curar cualquier enfermedad o herida, por muy grave y severa que sea. Se les atribuye también poderes purificadores que les permite expulsar fantasmas, demonios e incluso a otros kitsunes viles, como los nogitsune (kitsunes demoníacos) o los ninkos (kitsunes fantasmales).
History

—En el período Edo (江戸時代 Edo jidai), también conocido como período Tokugawa, En la región de Kantō tras pacificar el Pais hubo un balance relativamente estable influenciados por el confusionismo de orden social, Los Samurai habían dejado sus armas y convertido en campesinos.
Alrededor de los castillos de los daimyō se encontraba el hogar de los Aeru, quienes definitivamente debían empezar una vida nueva tras tanta sangre y guerras, la Familia había dado a conocer el nombre de su hijo menor ‘’Ren-Aeru’’ (nacido en 1620) Los padres del pequeño tenían un buen puesto en la sociedad debido a el arduo trabajo del Hombre mayor, sin embargo los rumores se expandían en torno a aquel embarazo y el cómo fue concebido un niño sin su padre presente.
Su infancia fue tranquila pese a que todos dudaban de quien era realmente su progenitor, y era un chico sobresaliente en la sociedad, muy bien parecido pese a que estaba ‘’lejos’’ de ser de la Familia más alta de sociedad, era muy cercano a aquellos que eran ‘’príncipes’’ o hijos de importantes clanes, principalmente porque su padre era un General que sirvió a su región con mucha honra, La familia Aeru y El clan Tokugawa ( Quienes eran muy poderosos en Japón mismo) Solían ser bastante cercanos entre si, La razón por la cual se dudaba tanto de la procedencia del Joven era porque su Madre (Haiko-Aeru) era muy intima con el hijo tercero de los Tokugawa, contemporáneo con el padre de Ren y amigos de la infancia.
Los rumores no eran falsos en lo absoluto, pero nadie podía comprobar la procedencia del hijo bastardo de Haiko, y Ren de todos modos no hubiese tenido la oportunidad de heredar nada de aquella familia aunque, su parecido con sus hermanastros era demasiado.
Cuando Haiko se lo hubo confesado a Hide, o ‘’Hideta’’ como era su nombre completo, no podía creer que fuera cierto, y por mucho que amara a aquella mujer, todo su legado y posición estaría en riesgo.
La noche del 28, a pocas horas de que Ren pudiera alcanzar una edad adulta ocurrió una tragedia, En la Región de Kanto, el Joven era muy codiciado, y a su vez él, era sin duda un alma buena y pura que sin dudar un momento tendía su mano a quien lo necesitaba, no se lo iban a permitir, Ren no podía dar a relucir su sangre real y Hideta no estaba dispuesto a ceder el trono a ningún heredero suyo, sería el mismo quien codiciara el lugar, por ello persuadió a los sirvientes de la casa Aeru, para envenenar al menor de los hijos.
Él estaba agonizando en su cama, el veneno siempre había sido una causa lenta pero segura de muerte, su cuerpo se debilitaba y lo único que hacía era escurrir sangre por la boca, los médicos lo diagnosticaron con alguna enfermedad crónica no estudiada, y echaron la culpa al gen de su Madre ya que no fue cuidadosa a sus treinta años concibiendo un hijo enfermo. En su lecho de muerte Ren pudo ver, ir y venir a tantos mundos diferentes, Rezo a todos los Dioses que conocía, pedía que dejasen a su madre en paz, pedía paz para su familia y para sus seres queridos, pedía por todos ellos pero nunca por si mismo, y no fue entonces hasta su ultimo momento en el que aquel ser divino se revelo preocupadamente.
Un Dios andrógino semi desnudo y elegante, cubría las partes esenciales de su cuerpo con una toga, ‘’¿Puedes hacerme un favor?’’ ‘’¿Puedes vengar y hacer justicia?’’ ‘’¿Quieres proteger a tu familia y a tu pueblo?’’ ‘’¿Vas a proteger esta región con tu ultimo aliento?, Joven Kitsune…’’ Renuncia a esta vida y ven mi, (Inari, Dios de los zorros)
No recordaba absolutamente nada, su vida era un completo borrón, en su cabeza siempre había sido un Kitsune, un Ser espiritual, el protector de la región Kanto, o como en ese entonces era llamado, Tokyo.

Año tras año había pasado, y el había hecho un trato injusto con un Dios que se había encargado de hacerle creer que, tomando aquel poder, podría cuidar a su familia, sin embargo, siquiera podía reconocer a aquellas personas, y vio morir a tanta gente, sabía que ellos ya no estaban en Kanto, Sabía que siquiera estaban caminando en Japón entonces, ¿Cuantos años había vivido? ¿Por qué tenían los Dioses que ser tan crueles y mentirosos?, tanto tiempo para pensar, tanto tiempo viendo aquella ciudad crecer.
Ahí en la Rama del roble mas viejo (Donde estuvo construido el palacio de los Aeru) observaba fijamente como vivían en aquel monasterio, solo uno de los sabios ancianos se había percatado de la presencia del kitsune, e incluso había encendido para él una vela e incienso, lo que hacía a Ren subir un poco el rango de jerarquía a ojos de su Dios y de ese modo podía hacerse presente ante los ojos del humano creyente para cumplirle un milagro.
Si, le llamaba mucho la atención ver a los sabios del monasterio, y el como ayudaban a cada niño sin hogar, pero solía ser aburrido la mayor parte del tiempo, sin embargo aquel monasterio tenia un ambiente diferente, entre todos los muchachitos, había uno que resaltaba el doble, era inquieto, risueño, y nadie le decía que estaba bien y mal, ‘’Haru’’ tenía su sentido de aquello bastante controlado (realmente no).
Una vez que su presencia fue bastante obvia en aquel lugar tuvo que hacerse presente ante el único hombre que rezo por su alma, justo a la hora del té, el Maestro del monasterio estaba sorprendido, se creyó loco y por mas que se lo dijo a sus compañeros nadie creía que hubiese un alma en pena por el monasterios que bien cuidado estaba, El aspecto del kitsune era sencillo, cabello blanco brillante y largo, una toga azul con bordados rojos, ojos dorados, orejas grisáceas, colmillos afilados, usaba un gorro grande para ocultar mayormente su aspecto más prominente aunque era difícil esconder la cola.
‘’Rogamos poder cultivar en esta tierra infertilidades, rogamos poder cuidar de nuestros pupilos.’’
Ese fue el deseo del viejo sabio, y Ren solo pedía a salvo que rezaran por él, como dato curioso necesitaba ganar rezos para él y su Dios, pues un Dios que no podía ser recordado, no era nadie.
—Ren no podía quedarse tampoco, tenía que seguir buscando monasterios en los cuales cumplir milagros, pero algo en su corazón le decía que pertenecía ahí, en aquel roble, en aquel templo.
Sin embargo todo oscureció tras unos cuatro años antes de su llegada, No fue difícil, concentrarse y visualizar el lugar para llegar a este era cómo viajaba un espíritu rápido y sin costo alguno.
Sin embargo su aparición allí le dejo frio, plasmado, no había absolutamente nada más que destrucción, cenizas y neblina una capa oscura que podía aguar sus ojos en segundos.
La piel de su nuca se erizo, trato de controlar los gritos, los gemidos, la violencia, todos esos espíritus corriendo de un lado a otro, fuego, dolor y tristeza, estaba sintiendo miles de cosas a la vez, podía oler el temor sentía su corazón despedazado. Se desplomo de rodillas en lo que había sido tierra santa, y cogió entre sus manos lo que pudo haber sido arena fértil. Sin esfuerzo alguno las lágrimas se arremolinaron en sus mejillas, un jadeo de dolor, el hueco en su estómago ¿Qué había sido de las familias allí?
Sintió frio recorrerle todo el cuerpo, instintivamente alzo la mirada a aquel cuerpo luminoso que le miraba con condescendencia.
‘’No podre irme hasta que no concedas mi ultimo deseo...’’
‘’Cuida de Haru, será la única familia que me quede en este mundo, yo los hilare desde mi lugar, yo veré que puedas sentir lo que él, vivir lo que él, escuchar lo que piensa, si me lo prometes, entonces podré descansar en paz, haz que vivir sea de su agrado, Kitsune-Sama, acepta esta conexión con él y con su pueblo, juro que será mejor para ambos si están juntos..’’
Y Ren no podía negarse, él no podía negarse al pedido de nadie.
Sin quererlo se había metido en otro aprieto, ahora podía vivir lo que ese niño sentía, su desespero, su dolor, su miedo, tenía que aprender a controlarlo para llegar a Haru para protegerlo,
Y lo hizo pero con la ayuda de una manada de jóvenes lobo, realmente no le era permitido usar su influencia en cualquier persona, e incluso podría perder su rango a raíz de eso, pero no podía permitirse sentir todo aquello, tenía que poner a Haru a salvo para él encontrar paz.
Ocho meses de malestar, ocho meses en los que se sentía morir, ocho meses sin poder realizar actividades con normalidad, fue regañado por su Dios, fue imprudente conceder aquel pedido, fue imprudente conectarse a alguien que probablemente moriría, y como si aquello finalmente hubiese sido suficiente, la manada a cargo de la besuquead de Haru, tuvo éxito, y con un montón de problemas a demás pero finalmente el Lobo había podido sanar, no del todo mentalmente, pero era mas humano que bestia, tal vez podía encontrar al pequeño niño en algún momento, tal vez podría conocer a Haru, para que le diera las gracias de una buena vez entonces podría vivir en paz, claro que… Su corazón siempre estaba intranquilo, siempre se preguntaba acerca de aquel chico, ¿Estaba comiendo? ¿Se portaba bien? ¿Aprendió a decir Hola de nuevo?
files

⤻ Datos principales:
▪ Nombre OC: Ren Aeru
▪ Ocupación OC: Mensajero de Inari
▪ Fecha de nacimiento: 29 febrero de 1620
(400 años espirituales)
▪ Criatura: Shifter (Kitsune)
▪ Rango en la jerarquía: Alfa.
▪ Poderes: Control de la naturaleza, curación, transportación espiritual.
▪ Aroma: Incienso.
▪ Estado civil: Casado.
▪ Orientación sexual: Bisexual.
Haru - extra

Londres -
18 de enero / 2018.
''asumiendo el papel de niñero''
—el viejo kitsune caminaba a zancadas por el pasillo, ¿qué diablos era aquello otra vez? ¿acaso no iba a calmarse nunca? entro tras haru, y se echo tras la puerta de bruces contra el suelo, ahí estaba otra vez, llorando en la cama ¿cómo era que podía producir tantas lagrimas? solo era una bendita tormenta, haru le hacia sentir cansado… no agotado, todo el tiempo sentía que no podía mas seguir viviendo y de haber podido elegir, se quitaría la vida antes de tener un tormento en la espalda, y… en verdad que al principio le daba bastante pena pero aquella situación le estaba arrastrando.
fue ahí cuando decidió que haría lo posible por ayudarlo a mejorar el estado anémico, empezó con calmar la tormenta, que ya de por sí era una mierda complicada de hacer, trato de mantenerle cubierto en las noches, cuidarle de las pesadillas y cabía destacar que al ser ren un espíritu era totalmente invisible a ojos del joven lobo, pese a que habían pasado cuatro, haru no lograba notarlo, y mientras no creyera en su presencia, nunca descubriría quien era su protector.
27 de marzo 2018 (primer encuentro)
— el viejo kitsune se encontraba echado sobre la rama de un gran árbol jugando con la hojas entre sus dedos y ahí abajo, su protegido, el joven lobo de diecinueve años, últimamente había mucha paz en haru, sabia perfectamente que algo estaba cambiando en él, no sabía con exactitud el que, pues siquiera le había dado indicios de conocimiento, haru no sabía nada, o eso creía él.
repentinamente el cielo oscureció de forma brusca, lo que puso en alerta a ren, quien de pie se irguió sobre la rama del árbol, sus orejas se movieron un poco en dirección al viento, en verdad a él le gustaba la lluvia, limpiaba la tierra y ayudaba a los cultivos, pero no dejaría que una nube les arruinara el día así que con un chasquido de dedos, el mal clima se detuvo.
Haru pov.
el lobo reposaba la espalda contra el tronco de un árbol, uno de los tantos que decoraban el patio del campus. era su momento libre de tareas y trabajos complicados de universidad, ese ratito del día que podía aprovechar para estar en paz con la naturaleza y su cuaderno donde muchos dibujos magníficos del lobo se ocultaban. cuatro años habían pasado de la noche en que su vida dio un vuelco, sus miedos persistían pero su alma se recuperaba día a día para ser tan brillante como el niño que hacia de las suyas en el templo. Su paz y tranquilidad se ve interrumpida por una extraña oscuridad que arruina la luz con la que dibujaba, consiguiendo poner sus pelos de punta al pensar que una tormenta pudiera encontrarlo justo en su único momento donde podía estar tranquilo, sin trabarse la lengua con el nuevo idioma ni intentar socializar casi fallidamente. cierra sus ojos, abrazado a su cuaderno y a su lápiz cuando el clima se detiene, el sol volviendo a acariciar con sus rayos los alrededores del árbol. la sonrisa del lobo es amplia, observando al cielo como cada vez que esos pequeños milagros sucedían.
— ¡Gracias! —exclama al aire. a nadie en particular y a la misma naturaleza que parecía protegerlo hace tiempo. su mirada se pierde en la luz intentando traspasar las hojas, dejando su cuaderno abrirse de nuevo en una de esas hojas con dibujos ya hechos. un duende, diría cualquiera, pero para haru era el pequeño enano que lo cuidaba constantemente.
Ren pov.
las orejas del kitsune se movieron conforme escucho la voz dulce del lobo haciendo que sus ojos se entrecerraran y básicamente le asesinara con la mirada ¿gracias? ¿a quién estaba agradeciendo? enseguida bajo de la rama impactando contra el pasto como una ventisca de aire, se sentó a su lado y su rostro se desfiguro completamente al leer la hoja ¡¿duende?! ¿acaso el mocoso tenía idea de que era el hijo de un dios el que estaba tras suya todo el día? eso tenía que acabarse ahí.
tomo uno de los plumones rojos y decidió escribir de forma agresiva con un kanji muy feo en la misma hoja. ‘’¡yo no luzco así! soy tres mil años más grande, más guapo! y a ver si dejas de decir tontería, que ni naturaleza ni nada, agradece a tu protector.’’ y realmente había sido una idea que nunca se le hubiese ocurrido pero básicamente ahí estaba, escribiéndole a su protegido, y esperando que realmente no saliera corriendo de ahí pues entonces sería todo un caso perdido.
Haru pov.
—Nota el movimiento brusco en su regazo por la libreta y su paz se tambalea, observando como en su cuaderno se escribe en rojo unas palabras confusas. su espalda se empuja contra el árbol y si no sale corriendo es porque está en shock. es la palabra "protector" la que llama su atención, leyendo más de una vez, parpadeando y esperando que desapareciera por ser tan repentino el mensaje.
— ¿Se puede ser tres mil años más grande? — es la primera pregunta que surge de sus labios, ladeando la cabeza al no entender la expresión. nunca la había escuchado. el lobo observa a su alrededor en busca de algo o alguien físico que diera con su mirada, un movimiento en la hierba. deja el cuaderno sobre el césped y se arrodilla, aún con la mirada a los lados.— ¿tú eres el que me cuida, verdad? ¿el que hace que deje de llover en las noches?
Ren pov.
haru… haru era así de tonto, así de inocente, tan peculiar, tan raro, y es que siquiera ren que tenía tanto tiempo lejos de la vida humana como tal podía ser tan despistado, admitir que aquella pregunta le hizo reír… no lo haría jamás. —lo soy…— fue lo último que escribió en la hoja observando la carita del pequeño lobo, se acerco hasta dar con su oido y susurro aunque no tenía muchas esperanzas de ser oido, era como una maldición.
—solo tienes que creer en mí.— su rostro estaba tan cerca del de haru que juró sentir su respiración, se estaban mirando pero el joven lobo no tenía idea, Ren decide levantarse de inmediato, caminando por el verde pasto, si Haru era inteligente podría verle irse, en este punto, comenzaba la problemática historia de dos shifters totalmente diferentes entre sí, ellos tenían tanto amor para darse.




